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miércoles, 7 enero, 2026
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Cosas de la Yecla de antes: las fuentes públicas

José Puche Forte

Si contempláramos la Yecla de hace unos 70 años, salvo algunos edificios emblemáticos, no la reconoceríamos. Sólo tenemos una imagen de ella en viejas fotografías. Cuántas cosas que en ella había han desaparecido… Entre ellas, aquellas fuentes públicas que marcaron época, tan necesarias entonces, ya que abastecían de agua a gran parte de los vecinos. Pues antaño eran muchas las personas que no tenían un grifo en sus casas para beber agua potable y tenían que ir a buscarla a las fuentes públicas o comprarla a los aguadores que, transportándola en toneles, la vendían por las calles.

En 1869 se construye un depósito en las llamadas “Puertas de San Juan”, hoy Avenida de la Paz, conocido por “El muro de los aguadores”, de la cual se abastecían los que se dedicaban a este servicio y cuya agua venía de la “Hoyica del Río”. Fue en 1889 cuando el Ayuntamiento autoriza a José Segura Sánchez para traer el agua potable a la población. El 26 de junio de 1900 ya estaba el agua potable canalizada en la ciudad. Con tal motivo, se instaló una fuente con una farola en el Jardín, a cuya inauguración asistieron más de 5.000 personas. Aquella tarde fue una gran fiesta para todos los yeclanos. La fotografía del acto salió publicada en la prensa de Madrid. Dicha farola, con el paso de los años, ocupó la Plaza Mayor y en la actualidad, aunque algo reformada, puede verse en el jardín que hay en la Avenida de Pablo Picasso.

Al parecer, allá por 1575, cerca del Alhorín o Pósito del pan ya había una fuente en la que se abastecían los vecinos, posiblemente fuera por eso, lo que hoy es la calle de Corbalán se conocía entonces por calle del Aguado o calle del agua. Según se puede apreciar en un viejo plano de Yecla de finales de 1700, en la pequeña villa se aprecian algunas fuentes públicas. Una de ellas queda a las afueras del pueblo, en lo que después llegó a ser la Placeta de San Cayetano. Frente a la ermita de Santa Bárbara puede verse otra y también en el Jardín, rodeada de árboles. Yecla ha sido siempre una ciudad “sedienta”. La prensa de 1927 nos anuncia que en el pueblo se necesita agua y que este problema viene de antiguo, ya que en 1914 debido a la escasez no se puede regar las calles. A mediados de los años 20, había 452 socios abonados al servicio de agua potable, época en la que se hizo el primer depósito del cerro del Castillo. Pero en 1930 nos dicen los periódicos que a pesar de que ya funcionan los motores que elevan el agua, detrás de un problema surge otro, causando cortes de agua en el centro de la población, que eran los únicos edificios que se disponían de este servicio.

Según se aprecia en viejas fotografías de principios del pasado siglo, una de las fuentes más antiguas estaba en lo que hoy es la plaza del concejal Sebastián Pérez. Otra de estas puede verse en la calle Cruz de Piedra, junto a la horma. Las dos estaban cercadas y tenían un pequeño arbolado. En la plaza de San Cayetano, la que había, junto a las anteriores, desaparecieron en la década de los 30, la que menciona Castillo-Puche en muchos de sus relatos. Algunas de estas fuentes disponían de cuatro grifos y una gran pila para dar agua a las caballerías y también de una pequeña caseta para el que vendía el agua.

Hubo otra fuente en la calle de Puerto Rico, la que a principios de los años 30 estaba ruinosa. Esta tenía dos grifos y cinco árboles para darle sombra, la cual desapareció a mediados de los años 70. En la calle de Santa Bárbara, haciendo esquina con la de Jumilla había otra que tenía un pilón de granito, la cual desapareció en los años 40. A finales de los 40 o principios de los 50 se hicieron dos fuentes iguales. Una de ellas estuvo en el Paseo de la Estación, hoy Pablo Picasso y la otra aún puede verse en una placeta cercana a la ermita de San Nicolás. Años después se hicieron otras en unos huecos con puertas de hierro de construcción más sencilla en los barrios marginales. Una al final de la calle San Felipe, otra en la calle de San Cristóbal, también en la calle de Zaplana y detrás de la ermita de Santa Bárbara. Una de estas últimas en desaparecer estaba en las anchas escalinatas que conducían al primer paso de la subida al Santuario del Castillo. Escaleras que después fueron reformadas, causando su desaparición.

Para el cuidado de estas fuentes el Ayuntamiento ponía a su cargo a personas más bien necesitadas, en especial a mujeres. Estas fuentes prestaban servicio a la población los siete días de la semana, desde el amanecer hasta la llegada de la noche. La mitad de lo recaudado quedaba para los que la cuidaban. Allá por 1910 un cántaro de agua solía costar un céntimo, pero con el paso de los años subió a cinco, ya en su última época se hicieron unos abonos que valían diez reales.

Generalmente, eran las mujeres las que acudían a estas fuentes con sus cántaros o pozales que una vez llenos los acarreaban a mano a sus casas y los vaciaban en los tinajeros en los que solían haber dos grandes tinajas de barro. A fin de facilitar el servicio del agua potable a la población, estas fuentes estaban repartidas por distintos puntos de la ciudad y cada vecino acudía a la más próxima. Algunos, para ahorrarse trabajo recurrían a los aguadores que la vendían por las calles.

Las fuentes públicas eran lugares de tertulia para gran parte de las mujeres en donde se informaban de los últimos acontecimientos y chismes ocurridos en el pueblo y a veces en la aglomeración había motivos de discusión y hasta de riña, ya que algunas mujeres tenían prisa y se saltaban la cola. Eran estas fuentes unos lugares pintorescos debido a su ambiente, los que formaron parte de una época ya algo lejana. Hoy sólo quedan de estas fuentes viejas fotografías y el recuerdo de los yeclanos y yeclanas que vivieron en aquel tiempo.

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