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PREVENCIÓN SOBRE EL CONSUMO DE ALCOHOL Y SUSTANCIAS TÓXICAS

Guadalupe Ortiz Medina

Durante estas últimas semanas se han realizado tanto en colegios como institutos de nuestra ciudad charlas sobre prevención en el consumo de sustancias tóxicas. En concreto, el alcohol.

El alcohol está tan enraizado en nuestra cultura y celebraciones que no se concibe un festejo sin él.

Su consumo está tan normalizado en nuestra sociedad que parece extraño que alguien no beba. Es muy típico oír; ¡Venga, tomate una copita que te alegre el cuerpo¡ ¡No seas muermo¡

Es cierto que sobre el alcohol hay muchos bulos.
Por ejemplo, se recomienda una copa de vino tinto al día, ya que se le otorgan propiedades cardiovasculares o se dice que la cerveza es la mejor opción para la recuperación post-entreno.

Quizás por estos mitos, no le concedemos la gravedad a su consumo que se le da a otros tóxicos.

Se nos olvida que el alcohol es una sustancia tóxica, pero se ha normalizado tanto, que a veces se dice que “beber es lo normal”.

La edad de inicio en el consumo de alcohol está en los 14 años, cuando no es legal hasta los 18, pero los más jóvenes acceden a él sin mucho problema.

En las pasadas fiestas de San Isidro, ha sido habitual ver a menores de edad ebrios por la calle, alguno que otro teniendo que visitar urgencias o tirado por el suelo sin apenas conciencia.
Al principio, puede parecer que el alcohol actúa como un estimulante, por lo que las personas que beben pueden sentirse animadas y entusiasmadas. Pero el alcohol disminuye las inhibiciones y el juicio y puede conducir a decisiones imprudentes.

A medida que las personas consumen más alcohol, los tiempos de reacción se alargan y el comportamiento se vuelve descontrolado y a veces incluso agresivo, lo que lleva a peleas y otros tipos de violencia. El alcohol también puede provocar lagunas en la memoria de alguien que ha estado intoxicado. A concentraciones más altas de alcohol en la sangre, el alcohol actúa como un depresor, lo que puede hacer que las personas que beben se desmayen si la dosis es lo suficientemente alta. A niveles incluso más altos, las personas que beben se enfrentan al peligro de una sobredosis de alcohol que puede ser mortal, lo que conocemos como “coma etílico”.

Es cierto que no pretendemos hacerle daño a nadie cuando celebramos las fiestas. Sin embargo, la violencia y las muertes por accidentes de tráfico asociadas al consumo indebido de alcohol persisten, y los mitos sobre el consumo de alcohol perduran, a pesar de que diversos estudios científicos han documentado cómo el alcohol afecta al cerebro y al cuerpo.

¿Quién no ha tomado una copa en una celebración, un fin de semana con los amigos o una cena familiar?

Que se consuma alcohol de manera esporádica no es el problema, sino que el consumo sea diario o se repita semanalmente.

Con este artículo no quiero que la gente piense que no podemos tomar alcohol en ninguna ocasión, pero si ser consciente del peligro que conlleva excederse con él. Sobre todo en niños y adolescentes en el que el cambio a nivel cerebral es evidente y puede conllevar secuelas en su desarrollo.

Nuestros jóvenes son presionados cada vez que salen de fiesta para beber, porque lo “Normal” para pasárselo bien es beber para desinhibirse. Pero no nos engañemos, se puede pasar muy bien también sin alcohol, evitando los efectos secundarios adversos que nos provoca a nivel físico y emocional.

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