Cuando San Isidro me hizo el hombre más rico del mundo

Antonio M. Quintanilla

Segundo año sin las Fiestas de San Isidro. Queda todo dicho. Poco más que añadir que no sea el mal cuerpo que se nos viene poniendo conforme van llegando las fechas en las que  ahora mismo estaríamos haciendo y celebrando lo que por segundo año consecutivo no vamos a hacer ni vamos a celebrar. ¡No puede ser más penosa esta contrariedad que nos tiene tan apesadumbrados! Porque por parece que ya empezamos a medio respirar más aliviados con las vacunaciones que, aunque van a paso de tortuga, al menos son la primera lucecilla que tras un caótico año empezamos a ver al final del túnel de la pandemia. Repitamos una y mil veces que todavía no debemos bajar la guardia ni cantar victoria aunque ya la tengamos cada vez más cerca, no vaya a ser que las vacunas se conviertan en el cuento de la lechera y se no acabe rompiendo el cántaro antes de vender la leche  (la mala leche que levamos por dentro, dicho sea con perdón y para entendernos).

Pero al mismo tiempo que tenemos la impresión de que estamos al principio del fin, y perdonen la frase hecha, tenemos que tragarnos el sapo de quedarnos otro año más sin San Isidro, que en Yecla viene a ser algo así como el colmo de la mala suerte y la desolación. Y lo que es peor, sin posibilidad alguna de consuelo porque las fiestas que perdemos ya nunca más las recuperaremos. Por muchos sanisidros que aún nos queden por disfrutar del año que viene en adelante siempre llevaremos esta cuenta pendiente de habernos quedado a dos velas este año y el pasado. (Y no sigo por ahí para no amargarme más de la cuenta).

Nos toca otro año más conformarnos viviendo de ilusiones porque ya sabemos todos que de ilusiones también se vive.  Las ilusiones que nos suscitan los recuerdos sanisidreros a los que nos volvemos a agarrar como a un clavo ardiendo en nuestra cabeza. Porque seguro que usted también se pregunta estos días lo que estaría haciendo justo hoy que las Fiestas de San Isidro ya se hubieran echado a la calle desde hace semanas con la presentación del cartel y el programa, el montaje de los ventorrillos, el precalentamiento de la Romería de San Marcos…

Por no hablar de todos los meses que las peñas andarían dando forma a sus carrozas que a estas alturas estarían ya a punto de caramelo. Y para más inri este fin de semana sería la Programación de Reinas y Damas y el Pregón. ¡Ay, el Pregón! ¡Cómo olvidar el Pregón y a las Reinas y Damas de 2016, cuando tuve la inmensa fortuna, y me quedo corto, de ser elegido pregonero! Y digo fortuna porque desde hace cinco años que me tocó esta lotería soy el hombre más rico del mundo:  tengo millones de recuerdos a plazo fijo que nunca se me agotarán aunque viva cientos de años e incluso alguno más. Los recuerdos se hacen más valiosos,  incalculablemente valiosos y emotivos cuanto más los compartimos con la gente que estamos deseando que pase corriendo este mes de mayo y lleguen de una vez las Fiestas de San Isidro del año que viene! (Eah, ya falta menos).

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