Alejandro Ortuño: “La agricultura intensiva es como una plaga de langosta, esquilma, destruye y se marcha”

Infatigable azote en nuestra ciudad de las empresas que despilfarran el agua, vuelve a alzar la voz para denunciar que cinco millones de melones y sandías se han quedado sin recoger en nuestro término municipal.

También analiza la maltrecha situación de los acuíferos

¿Cómo es posible que continúen esta situación de abandonos de cosechas y despilfarro de agua que ustedes desde la Plataforma ya han denunciado en numerosas ocasiones?

Hay dos cuestiones que explican que esto siga pasando. En primer lugar que la Confederación Hidrográfica del Segura está inmersa en un nuevo ciclo de planificación hidrológica y todavía no limita las extracciones de los acuíferos. Y en segundo lugar el Gobierno regional que tiene las competencias en Agricultura tiene que empezar a decir qué cultivos se pueden o no implantar en una zona dependiendo de los recursos renovables disponibles.

No se puede permitir, como está ocurriendo que se utilicen reservas estratégicas de los acuíferos para un tipo de agricultura tan peligrosa y perjudicial para el entorno. La agricultura intensiva es agresiva. Viene a ser como una plaga de langosta, que llega a un territorio, lo esquilma, lo destruye y se marcha después. Dejando excedentes como estos cinco millones de melones y sandías, algo que supone una auténtica barbaridad, un disparate que por eso ha tenido tanto eco incluso en medios de comunicación nacionales.

¿Pero no hay ninguna manera legal de poner freno a estas empresas?

Si no se puede confiar en el nivel de conciencia de los empresarios agrícolas, ese libre albedrío debe tener un límite por parte de las Administraciones públicas. La Confederación Hidrográfica del Júcar ya plantea limitar las extracciones. Si bien es cierto que allí tienen un recurso alternativo, el trasvase del Júcar al Vinalopó. Aquí, el gran problema es que no saben de donde traer el agua. Pero hay que seguir trabajando, buscando vías de solución.

No podemos permitir un despilfarro de agua que equivale a que alguien se deje un grifo abierto durante 200 años para esta cosecha. Además, no son sólo sandías y melones. También están abandonando lechugas y pimientos. Y si esto no cambia, el año que viene pasará lo mismo con el brócoli. Pero nosotros no nos cansaremos de denunciarlo cuantas veces sea necesario.

Sorprende que la unidad política que existe en Yecla en torno al tema del agua no esté sirviendo para evitar estos hechos que ustedes denuncian… ¿Cómo lo ve usted?

Debo decir que nosotros nos alegramos de que en Yecla exista esa unanimidad entre todos los partidos políticos en el tema del agua. La unidad política es imprescindible para, por lo menos, trasladar problemáticas y necesidades a las Administraciones superiores, pero es cierto que si no hay voluntad pocos resultados se pueden obtener.

Hay dos grandes problemas, que no ven manera de cómo traer agua a Yecla y que en otras Administraciones no existe una voluntad real de oponerse al lobby de la agricultura. El sector agrícola es muy poderoso en la Región de Murcia y hemos visto casos sangrantes, como el Mar Menor. Hay intereses muy fuertes y por eso los políticos no están por la labor de enfrentarse a estas empresas.

¿Cuál es la situación de nuestros acuíferos, tanto del Zingla como el Jumilla-Villena?

Muy preocupante, en el dossier que publicamos este año y del que todos los medios os habéis hecho eco alertamos de la sobreexplotación de los acuíferos, donde se extrae cinco veces más de agua que se recarga de forma natural. El promedio resulta aterrador, porque estamos hablando de 12 millones de litros de agua cada hora.

Espero que nos lleguemos a las restricciones del consumo de agua que existen en otras poblaciones. Confiamos en que no sea necesario por el nivel de concienciación de la gente y porque las Administraciones actuarán, pero es una posibilidad que siempre existe.

También la ganadería intensiva es un peligro para la calidad del agua, por los nitratos que pueden llegar a contaminarla… ¿Hay alguna novedad del proyecto de la granja porcina de Jumilla?

Cierto. Es un peligro muy real, porque los nitratos contaminan el agua y pueden llegar a hacerla no apta para el consumo. Por eso también combatimos con fuerza la ganadería industrial que es igualmente dañina para el ecosistema y para pequeños ganaderos y agricultores que casi siempre tienen que marcharse cuando una explotación de ese tipo llega a un lugar.

En Jumilla se ha hecho una moratoria de un año para cambiar el Plan General de Ordenación Urbana y limitar que se puedan asentar estas granjas. Los compañeros de la Plataforma ‘Salvemos nuestra tierra’ están haciendo un gran trabajo y consideramos que es algo que también debería hacerse en Yecla. Tenemos que estar muy alerta para que estas explotaciones no lleguen a nuestra localidad.

 

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