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martes, 4 octubre, 2022
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«»Cuando era una niña esperaba ansiosa mi noche favorita del año: La  Alborada»»

>María Isabel Puche (judoka)

>La deportista recuerda a su padre disparando con el arcabuz por las calles céntricas de Yecla

Yo esperaba ansiosa uno de mis días favoritos del año, o mejor dicho la noche, para mí el mejor momento de las fiestas siempre ha sido la madrugada del día 7, siempre ha sido la Alborada. Esa noche mis padres me mandaban a la cama muy temprano, lo que no se imaginaban es que yo me iba, pero nunca conseguía dormirme inmediatamente. Era tal la emoción que recorría mi cuerpo que era incapaz de cerrar los ojos, hasta que finalmente el cansancio cedía y sobre las cinco de la madrugada comenzaba mi gran día, mi padre nos despertaba a mi hermana y a mí, nos abrigábamos como una noche de diciembre en Yecla se merece y con el algodón en los bolsillos nos íbamos al cuartel de la escuadra Capitán Zaplana primera del Bastón (escuadra en la que mi padre cargaba a su amigo Fernando). Después de desayunar un poco, ya con los arcabuces y la pólvora en la mano recorríamos algunas de las calles más importantes de Yecla tirando tiros. Era una noche especial, cada año contábamos los tiros que tiraba y al año siguiente siempre me decía que había que superar el número del año anterior (y sé seguro que este hecho me enseñó a que en la vida como en el deporte siempre hay que superarse ante cualquier adversidad).

Además, jugábamos a tirar tiros en la puerta de las casas de cada familiar por la que pasábamos, el primero siempre por mi madre, después de pasar por la iglesia la Purísima, recorríamos la calle San Antonio y cuando llegábamos a la puerta de mi tía Apo, decíamos, este por la tía, en la puerta de mi tía Merce, este por la tía Merce… En la puerta de mi abuela Joaquina, este por la abuela y en la puerta de mi abuela Rita (su suegra), me decía en broma, “este fuerte, a ver si la despiertas”. Era una noche mágica. Volvíamos al cuartel, comíamos un poco de gachasmigas (sopa y “pa´tras”) para recuperar fuerzas y pasadas las siete de la mañana nos dejaba en casa con su sonrisa y yo me acostaba con la felicidad absoluta de una niña pequeña, hasta que mi madre me volvía a despertar por la mañana para subir al Ayuntamiento a ver la Bajada. Recuerdo también como el día de la Virgen comíamos todos pelotas en casa de mi abuela hechas por ella con mucho amor y por la tarde disfrutábamos de la procesión y de los “castillicos” en un lugar privilegiado, ya que toda la familia salíamos al balcón de casa de mi abuela para verlos.

Poco a poco me fui haciendo mayor y en la adolescencia celebré la Alborada como todos los jóvenes en Yecla, pero siempre sin dejar de olvidar su verdadera esencia y tradición.

(Extracto del Pregón de María Isabel Puche pronunciado en la noche del viernes 1 de diciembre en el Teatro Concha Segura)

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