“”No es el dedo, es la llaga lo que nos quema””

Por Salvador Santa Puche, candidato a la Alcaldía por el PSOE

Es verdad: miles de políticos en España ejercen su cargo con honradez, transparencia y la máxima dedicación. Y yo también hablo de alcaldes, concejales, diputados etc. y de todos los colores e ideas políticas que con su trabajo honrado demuestran diariamente que no todo está perdido y, en efecto, los corruptos son una minoría. Pero no se puede justificar la corrupción aludiendo a porcentajes porque se puede pecar de autocomplaciente y demuestra el corporativismo cínico de lo que se viene a llamar “la casta política”, pues para las personas honradas un solo caso de corrupción ya es muy preocupante. Los ciudadanos estamos cansados de buenas palabras e intenciones y sabemos que endurecer las conductas con la devolución de lo robado y agilizar los procedimientos es fundamental pero NO suficiente; es necesario tal y como se suele decir “prevenir mejor que curar” pues ¿cuántos casos quedarán sin castigo por no salir a la luz?, quedarse en una cifra por grande o pequeña que sea es negar la evidencia de un sistema de control agotado y no podemos conformarnos con simples cifras para encubrir lo evidente. Todo lo contrario, hay que atajar desde su raíz estas conductas y si aún así se producen castigarlas con la dureza que se merecen. Abandonar el ejercicio de la política es lo mínimo que se le debería exigir a cualquier político investigado, se llame Pedro Antonio Sánchez, Bascuñana o Manuel Chaves.
No se engañen, la corrupción no es algo nuevo ni nada novedoso que pase en nuestros días. Incluso en el Antiguo Testamento encontramos decenas de ejemplos de gobernantes corruptos y chanchullos a medida de quienes ostentaban el poder con el rodillo de su mayoría y la aparente simpatía de sus saludos. Y no es nada nuevo porque los esquemas se repiten en la Historia y hay un antídoto eficaz que los ‘presuntos” corruptos no soportan de ninguna de las maneras: que alguien les exija explicaciones y transparencia en su Gestión pública. Dicho de otra manera, que rinda cuentas de lo que hace o deja de hacer.
Nuestro problema no es sólo la corrupción sino los factores que la han hecho posible; nuestro problema es no haber sabido dotar a las instituciones públicas de una herramienta tan simple y efectiva como es que los políticos y las decisiones que toman sean transparentes, participativas por parte de los ciudadanos y acordes a lo que se estipula según la Ley. Por ello es fácil intentar autojustificarse haciendo recaer el peso del pecado en la Oposición que verdaderamente molesta, acusándola de sembrar la duda. ¿Quién crea y siembra esa duda? ¿quién pregunta y pide respuestas y explicaciones? o ¿quién teniendo la Autoridad responde con evasivas y mentiras? Y es que la mentira puede ser el primer peldaño de esa larga escalera que lleva hacia lo que llamamos ‘corrupción”. “Antes de ser corrupto, -decían los sabios filósofos griegos-, el político se hace mentiroso”.
Miren, conozco a decenas de yeclanos que se han accidentado en paseos bioclimáticos con maderas cuyo contrato (y precio) decía una cosa y que otros han firmado (y pagado) otra muy diferente. Conozco a quienes defendían la operatividad al 100% de una Oficina Virtual cuyo contrato se ha incumplido clamorosamente, y que ha supuesto que los yeclanos devolvamos 120 mil euros de subvención transmutados en 151 mil con los intereses de demora que ya quisiéramos los yeclanos que Murcia nos devuelva cada vez que ellos se retrasan en los pagos… y a eso súmense los 8 mil que ha costado el abogado. Hemos denunciado la práctica de “contratos a dedo” o expedientes de infracción urbanística caducados; conozco a quienes han dilapidado el dinero de los yeclanos comprando escombreras por segunda vez y a quienes se les han caducado contratos como los de la Zona Azul a menos de un palmo de sus narices y que han supuesto un perjuicio económico para todos los yeclanos. Sin embargo, quien debería dar respuestas ponía su atención no en la llaga sino en el dedo que la señalaba. Es la llaga lo que nos quema, no el dedo que la señala.
Recuerdo las veces que nuestro Grupo ha elevado proposiciones al Pleno de la Corporación para procurar algo tan simple como que los grupos de la oposición estuviéramos presentes en las mesas de contrataciones del Ayuntamiento, tanto de personal como de los contratos que se adjudican a empresas. No, no y mil veces NO fue la respuesta del equipo de gobierno. ¿Por qué y de dónde ese miedo si no hay nada que ocultar? No es cuestión de ideologías, es cuestión de ética y moralidad. Y también de saber que cuando se roba o se despilfarra dinero público, ese dinero pertenece a todos y cada uno de nosotros.

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