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viernes, 1 marzo, 2024
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Yecla
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Tufos y tufillos

Por Juan Muñoz Gil

El tufo es un vocablo que entró en la península por Cataluña procedente de Grecia y Roma, definiendo así esas emanaciones que expanden un cierto hedor y se propagan de una manera desconcertante por la amplitud que a veces abarcan. Yecla, como en cualquier otro sitio, ha habido tufos desde siempre, puedo recordar los que emanaban las alcoholeras cuando los niños íbamos a jugar al cauce, el que en época de vendimia desprendían las bodegas, y las almazaras durante la molienda de la oliva, el tufo a humedad de la mayoría de las casa del pueblo, el de barniz en los talleres de carpintería, los tufos de los braseros de picón, y tantos otros ocasionales como el que se desprende de los cuerpos de los obreros extenuados por sus esfuerzos, etc. etc. El tufo era algo que para nada faltaba en ningún lugar por mucho que se tratara de enmascarar, aunque se hacía uno a él y acababa pasando desapercibido a pesar de su insistencia y hábito.

En estos tiempos, los tufos son totalmente distintos a los de antaño y generan un hedor también muy diferente al de aquellos tan naturales de entonces, será quizás porque como todo cambia y se transforma con los años, el tufo de nuestros días, el que desprenden las delictivas acciones y comportamientos de ciertos seres humanos, el de aquellos en quienes depositamos nuestra confianza y precisamente en contrapartida nos corresponden con un desprecio desmoralizador al comprobar la falsedad de ciertas conductas, hoy por hoy van apareciendo y a cual más escandalosos todos esos despropósitos que en tiempo atrás permanecían amagados en el más absoluto de los silencios, y ello gracias al desparpajo de los medios de comunicación. Esos que tenían que dar luces nos dan tinieblas, oscureciendo toda nuestra visión de futuro tan pretendida y por la que tanto dolor se pagó.
La ventaja de las democracias es que pueden airear todo ese malsano sazón que en otros momentos de situación política especial, por no llamar por su autentico nombre a esos despóticos estados donde el tufo pasa desapercibido por ley, aunque los airean las corazonadas de los ciudadanos como ocurrió en Yecla cuando se derribó la fachada del Colegio, el edificio Parque, las cooperativas varias, los boletos de la suerte, la carretera del Ardal, permisos de obras sin control, despidos arbitrarios, etc. etc. y es que algo más del segundo tercio del pasado siglo, dio mucho de si. En la situación actual hay que apencar con los yerros propios ya sea antes o después, aunque tampoco falte la picardía de algunos para tratar de confundir esos despreciables efluvios con muy estudiadas noticias extrañas, colocando hombres de paja, cabezas de turco, trucos evasivos, y hasta si se presenta guerras innecesarias. En tanto, ante este batiburrillo de circunstancias extrañas por lo anómalas y punibles, no pueden faltar los juicios éticos y críticos del pueblo llano, y ahí si que se presenta el problema del sueño de la razón, porque los tufos políticos acarrearán antes o después consecuencias insospechables. Los varios miles de parados que se cuentan en Yecla, todavía no han puesto el dedo en la llaga y hurgado en la herida que este tufo actual ha abierto en sus destinos. Pero ocurrirá como siempre, que el paso del tiempo cura y olvida, aunque quede la cicatriz de la historia y de la que sólo tienen constancia real muy pocos privilegiados. La verdad última se sabrá cuando ya no estemos. Es la norma instaurada desde siempre y reconocida como otro de los tantos tufos a soportar, y quizás por ello asumimos con total naturalidad las pestilencias que se pueden advertir en la actualidad, sea cual sea el nivel de referencia.
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