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14 de Febrero

Por María Lorente Mas

San Valentín. Día de los enamorados, fecha mundial del amor eterno, día del amor y la amistad, del amor libre o atado y por supuesto, día del «más vale que te acuerdes o la tenemos».

Existen multitud de relatos sobre el origen histórico o leyenda de esta tradición; uno de ellos se sitúa en la antigua Roma hacia el siglo III, donde el emperador Claudio II prohibió el matrimonio a los jóvenes, porque pensaba que los hombres que estaban casados eran menos eficaces en los frentes de batalla al pensar en sus familias, debido al amor que les ligaba a ellas; y los solteros sin familia, eran mejor soldados, ya que no tenían tantas ataduras; vamos, la típica situación de hoy en día, los solteros son unos bravos y los casados unos mansos. Un sacerdote que ejercía por aquellos tiempos, un tal Valentín, estando en desacuerdo con la decisión drástica del emperador, unía en secreto por el rito del matrimonio católico, a las parejas de jóvenes enamorados; perdiendo así la vida por ello, martirizado y ejecutado el día 14 de febrero, transformándose a través de los tiempos, en el símbolo del amor verdadero, de ese que te deja sin cabeza y sin aliento.
Sus predecesores como Shakespeare, Federico Moccia, Jane Austen, Pablo Neruda, Juan Luís Guerra o Disney, nos han enseñado que el amor es capaz de mover montañas, estrechar distancias, atontar a cualquiera y hacer posible lo imposible; pero lo que todavía no han conseguido es que ellos se acuerden de una fecha mundial y que se aflojen un pelín la cartera para idolatrar a sus parejas.
Hartas estamos todas, de las excusas tan elaboradas que os inventáis para ni siquiera rascaros el bolsillo por una mísera maceta en flor. ¡Hasta los catalanes regalan una rosa y un libro en el día de su patrón, por Dios! O peor aún, de las típicas frases pre-escritas en esas enormes y horteras tarjetas que regaláis, del estilo "Si mi alma fuera pluma y mi corazón tintero, con la sangre de mis venas escribiría te quiero.", querido mío: si tu sangre fuera tinta estarías en otro sitio muy distinto a este, te lo aseguro; "Te amo porque has cambiado mi vida y has dado rumbo a mi corazón.", qué soy yo, ¿tu brújula?; "Te quiero, no por lo que eres, sino por lo que soy yo cuando estoy contigo", ¿pero entonces me quieres o no? Y la mejor de todas, "Quiero ser un pajarito con patitas de algodón para posarme sobre tu pecho y robar tu corazón", pajarito eh?
Dependiendo del bando en el que te encuentres este día, ves la cosa de una tonalidad muy distinta; si estás en el bando de los enamorados, en pareja, o simplemente acompañado, ves todo de color de rosa, los globos con forma de corazón te parecen encantadores y te mueres por pasear del bracete de tu pareja como dos perfectos enamorados, aunque sea para ir a cenar a la vuelta de la esquina. Y si estás en el otro bando, simplemente te repatea, te parece absurdo, superfluo, innecesario, falso, indignante, y básicamente asqueante, tanto paripé, para un día creado por Galerías Preciados, a principios del siglo pasado, para paliar la cuesta de febrero.
El consejo, de la "Doctora Amor" para sobrevivir o sobrellevar este día es, que no necesitamos ninguna fecha en especial para celebrar que estamos en pareja, ni para que nos recuerden que no la tenemos y que ni por asomo la queremos. Nadie te conoce mejor que tú mismo, así que, si te quieres dar un capricho, hacerte un regalillo por que tú lo vales o simplemente aparentar que tienes cuando no tienes o peor aún, cuando sí que tienes pero ni se acuerdan de que te tienen; pues, date el gustazo y el lujo de pensar en tí aunque sea sólo durante este día. Feliz San Valentín.
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